Danza con Crótalos

También reciben el nombre de chinchines, por el sonido que producen, címbalos, zills en Turquía, sagats en Egipto y snuch en Siria y Líbano. Son instrumentos de percusión que producen sonido por la vibración de su propio cuerpo.

Se relacionan con la danza desde la antigüedad; aunque sus origen preciso es desconocido, se puede decir por registros históricos que eran en un principio objetos sagrados. Una historia egipcia cuenta que en cierta época del año, las sacerdotisas de Bast (diosa de los poderes benéficos del Sol), bajaban hasta el rio Nilo, anunciando la festividad en honor a la Diosa con enormes platillos de metal que hacían sonar uno contra otro. Más tarde, nacieron los sagats incorporándose a la danza, pues se creía que bailar con ellos era purificador y que alejaba los malos espíritus. Se cree que los asirios y babilonios acompañaban sus danzas con estos instrumentos con fin espiritual y de consuelo hacia sus almas.

Alrededor de 1000 a.C., comienzan a usar los sagats en Iraq y en todo el este y norte de África; en el Egipto de ese entonces, se utilizaban platillos de madera con forma rectangular llamados badajos para eventos religiosos y populares.

Fueron los turcos que en el s. XV adoptan los sagats y les ponen el nombre de zills en honor a la diosa griega Cybele (madre protectora de cadáveres y sepulcros, provocadora del éxtasis para aliviar los dolores, hacer profecías y aliviar la muerte). Al mismo tiempo, llegan los sagas a la India y a todo lo largo de Asia.

Posteriormente, los armenios hacen llegar estos instrumentos a Europa, para quienes su sonido representa la música celestial.