El fluir del intérprete

 

El fluir del movimiento está relacionado con la gravedad. Cuando el fluir se encuentra limitado por el autocontrol e impedimentos exteriores, la gravedad actúa acentuadamente dando la sensación de incomodidad. Cuando el fluir es libre, los movimientos actúan contra la gravedad, cobrando gran elocuencia en la danza tornándose muy comunicativa aunque sea muy elemental.

La formación, el diseño, la gravedad, el fluir, son leyes que no deben ser ignoradas ni evitadas, pues si dependiéramos exclusivamente de la intuición sin alimentarla con el conocimiento y la práctica esta se agota e inevitablemente, muere.

Un buen intérprete, debe poseer la capacidad de interpretar con fluidez obras de todo género y estilo.

Tanto física como técnica y temperamentalmente estará mejor dotado para cierto tipo de interpretaciones que serán las que le brindaran mayor satisfacción y lucimiento.

Las escuelas van formando intérpretes con distintas técnicas, no obstante, el mejor intérprete será aquel que sin abandonar su personalidad, está mejor capacitado para sentir y transmitir las propias obras y las de un coreógrafo. Un intérprete debe trabajar con miras al equilibrio entre sus habilidades físicas, comprensión y sensibilidad.