Hay divisiones antiquísimas y complicadas sobre un teatro, pero a grandes rasgos, el teatro se divide en tres secciones, que son las más trascendentales para el bailarín: auditorio o sala, escenario y camerinos.

El auditorio está formado por butacas, pasillos, escaleras y las entradas tanto principales como secundarias, las butacas tienen su propia clasificación según su cercanía al escenario, según la acústica del teatro y a veces, según su lujo. En general, los lugares ideales para una correcta apreciación de cualquier obra sería a unas 15 a 20 filas de la base hacia arriba, nunca tan cerca que distorsione la obra ni tan lejos que no permita apreciar los detalles de esta.

El escenario, aparte de dividirse en las secciones de acuerdo a la cercanía del público, es importante saber que consta de un telón, que se cierra y se abre para hacer cambios de escenografía y que es manipulado por tramoyistas. Las tramoyas son las que controlan la iluminación, los telones o parte de la escenografía. Posteriormente, están las piernas del escenario, que son pedazos de tela muy larga que caen por detrás del telón, impidiendo que el público vea que sucede detrás de escena y permitiendo a los bailarines estar listos para cuando toque su turno de entrada. Dependiendo la profundidad del teatro son la cantidad de piernas necesarias, están acomodadas en ángulos exactos para mantener la ilusión del escenario al público. Después está el telón de fondo o foro y hasta atrás está el ciclorama, que es un telón generalmente blanco de lona que abraza todo el escenario. En el techo del escenario está la parrilla, que es una reja de madera por donde se coloca la iluminación, la escenografía, los telones, etc. Esto está cubierto por el arco-proscenio, que esta superpuesto al telón.

En cuanto a la iluminación, en el escenario se localizan las diablas, que, aunque no aportan la luz principal, pueden alumbrar todo el escenario o partes de él no tan exactas, al igual que las candilejas puestas en el suelo. Ahora, para los nuevos efectos de luz, existen lámparas mucho más sofisticadas y exactas, controladas por técnicos. La iluminación es parte fundamental de la interpretación, pues junto a la escenografía, ayuda al bailarín a crear un ambiente que atrape al espectador.

En teatros especializados para danza, existe un área designada a la orquesta, que está por frente al escenario y por debajo, para que no impida observar la obra y se aprecie la música con claridad tanto para bailarines como para espectadores. Cuando no se cuenta con espacio designado a la orquesta, suele acomodarse atrás o a un lado del escenario, dependiendo de las necesidades coreográficas de los bailarines.

En los camerinos de los teatros profesionales, hay grandes espejos y espacio para que los bailarines y actores coloquen sus pertenencias listas para cambios de escena y de vestuario. Están listos para recibir a los bailarines desde horas antes de la representación, permitiéndoles ensayar ligeramente, ducharse, maquillarse y cambiarse a tiempo. En los espejos colocan luces equivalentes a la luz del escenario, pues el maquillaje es especial para la iluminación intensa, no deben maquillarse muy pálido o de lo contrario se perderá la intensidad de acuerdo al personaje o a la intención de la danza.